La vida es como un mango...
Cuando se trata de analizar esta perspectiva desde el lado humanista la representación del mangó en la vida humana es algo que nos llama a la reflexión. Este fruto alude a la vida del humano, desde sus comienzos hasta su final. Cada etapa del mismo puede verse de una forma análoga a la versión de nosotros, los humanos. El mismo es fecundado, crece, madura y luego al ser completado esto se vuelve a repetir el ciclo. En todo caso la vida del ser humano va de la mano con este pensamiento, ya que mediante la fecundación sexual somos creados, crecemos, algunos maduramos y luego morimos. Muchos factores ambientales externos y también internos son los que moldean y afectan estas etapas de la vida en todo momento. El camino de cada mangó al igual que el de nosotros depende de nuestras capacidades para afrontar las situaciones que aparezcan.
De la pudrición puede salir algo hermoso, al igual que algo totalmente morboso; todo depende con el ojo que se mire. Es por ello que desde que el mangó se encuentre guindando en el árbol los elementos de la naturaleza (todos los que nos rodean) deben conspirar a favor del fruto mediante la reflexión y la acción, con la consciencia clara y el propósito impío, sabiendo que nada en el mundo te puede manipular a la pudrición, solo el proceso regenerativo de la madre naturaleza.
De la pudrición puede salir algo hermoso, al igual que algo totalmente morboso; todo depende con el ojo que se mire. Es por ello que desde que el mangó se encuentre guindando en el árbol los elementos de la naturaleza (todos los que nos rodean) deben conspirar a favor del fruto mediante la reflexión y la acción, con la consciencia clara y el propósito impío, sabiendo que nada en el mundo te puede manipular a la pudrición, solo el proceso regenerativo de la madre naturaleza.
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